
Siempre salgo de la casa a las ocho y media de la mañana, Conduzco pasando unos campos que se encuentran a la vuelta de mi casa, el campo en la primavera siempre está cubierto de unas flores amarillas que se llaman “Canolas” a veces uno encuentra una(Amapola) Poppy roja solitaria y siempre me maravilla admirar cuando todo el campo se llena de estas flores cultivas para que después sus frutos sean exprimidos por su aceite; antes los cultivos eran de maíz o de sorgo y el granjero tenía también unas vacas pintas típicas de esta área de Inglaterra. Al menos las flores de canola me alegraban el paseo de mis mañanas al colegio ellas explotaban en un color amarillo vibrante.
Siendo el amarillo mi color favorito pues adoraba mirar estos campos que en la primavera crean una gran impresión al principio de mi día y me llenan de ánimo para todo el día y asi continuaba conduciendo.. Aun a mediados del invierno que no es mi estación favorita las memorias de estos campos cercanos a mi casa en la primavera están tan impresos en mi memoria, y siempre que los paso nunca los miro secos o áridos por una razón u otra siempre las flores de canola vienen a mi mente y así continuo mi viaje al colegio con el mismo animo que me da en la primavera. Este vez a principios de la primavera hubieron inundaciones y la lluvia arraso con todos los cultivos destruyéndoles, las flores nunca aparecieron al mojarse tanto la tierra las plantas a punto de florecer se pudrieron y las escenas de esos campos fueron muy horribles, pantanosas, cuando hay cosas desagradables para mirar yo siempre busco las imágenes de primaveras anteriores y trato de no pensar en nada mas. Fue una pena grande de ver a cuanta gente, animales y flores, las inundaciones destruyeron.
Después de los campos en mi ruta diaria para el trabajo, hay otro pero más pequeño campo donde cuatro caballos de la raza Shire vivian. Habían seis una vez pero creo que el granjero tuvo que venderlos y los dos que quedaron fue con los que hice amistad. Cada domingo iba para una caminata por los campos y les llevaba zanahorias les bautice con los nombres de Beto y Enrique como los Muppets en cuanto tenia el tiempo, me la pasaba caminando esos campos viajando con la mente y pasando el tiempo, les admiraba tanto! Nunca en mi vida había visto semejantes criaturas, siempre pensé que los hacían así de grandes en la televisión, nunca pensé que fueran así de gigantes en realidad. Enrique y Beto eran magníficos y muy pacíficos.
Viniendo de México donde todo es muy pequeño, la gente, los animales y tambien los caballos, pues cada día que les veía siempre era como estar en un cuento de hadas, ya podía pensar que sintió Alicia al caer en el país de las maravillas y ser tan pequeña. Darles una zanahoria para comer era otra de mis grandes experiencias y sobre todo un desafío porque siempre que extendía mi mano con su postre tenía miedo de que al mismo tiempo al tragar la zanahoria ellos también les gustaría probar un poquito de una mano Mexicana.
Pero ellos eran tan tiernos y tan cuidadosos, tomaban la pequeña zanahoria con una precisión absoluta, como un cirujano que va a empezar a cortar para curar a su paciente, me miraban y yo creo que se reían de mi porque siempre se tardaban en mover sus grandes bocas y a lo ultimo me lamian la mano, como diciendo “ y donde esta lo demás?” Una vez más me recordé de nunca juzgar ni a la gente ni a los animales por lo que lucen en su exterior, Beto y Enrique escuchaban muy atentos a todos mis cuentos y molestias de la semana, masticando las zanahorias y manzanas que les traia en pago por escucharme, sus ojos tan preciosos y con una serenidad increíble eran para mí la mejor terapia de la semana y que hasta ahora sigue muy presente viviendo en mi. No importa qué tipo de historia les comentaba, alegre, molesta, fastidiosa, ellos siempre me miraban como diciendo “ Mira María, nosotros vivimos en un campo al descubierto, comiendo hierba todo el tiempo, teniendo un techo que solo cubre ya sea nuestra cola o nuestra cabeza y si somos afortunados alguien de buen corazón nos trae frutas y zanahorias, pero la vida es la misma y no hay cambios, y somos felices; si hierba es todo lo que hay, al menos tenemos hierba, si es domingo y hay fruta pues que alegría, nunca uno sabe lo que sucederá manana y hay que disfrutar el presente, hoy!”
Siempre pensé que pensaran Enrique y Beto de mí? Cuando en días de lluvia no me presentaba para darles de comer. Creo que los dos me perdonaron esas veces, rogué por que uno de esos locos que se avientan a hacer cosas extremas decidieran a salir y darles algo de que comer.
Hoy en día Enrique y Beto ya han desaparecido del campo también las flores de Canola, ahora hay otro tipo de cultivo que produce mas ventas y que puede reproducirse mas rapido y en cualquier intemperie, el granjero no tuvo mas remedio que vender mas de su propiedad y los caballos que quedaron en su lugar no son tan amigables como esos tiernos gigantes, les extraño mucho y espero que en donde estén siempre haya alguien caritativo quien les dé un hogar debajo de un gran manzano y una cabelleriza tan grande que les cubra la cola y la cabeza al mismo tiempo y que los dos estén disfrutando de esa paz y regocijo que compartían con los caminantes de sus campos.
Después de los campos hay un crucero donde siempre paso una escuela primaria, a esas horas siempre hay un congestionamiento de padres y chicos caminando y cruzando para la escuela, los niños corriendo al igual que sus padres. Ahí siempre me concentro mucho y reduzco muchísimo la velocidad porque siempre hay padres quienes piensan que todos los conductores son gentiles y se les olvida agarrarle las manos a sus niños quienes a la tierna edad de cinco no tienen tanto conocimiento de que es lo que es cruzar una avenida. A veces me desmayo de ver que muchos padres no tienen cautela con los niños, mi hija aun con sus diecisiete años aun estira su mano para cruzar la calle cuando vamos de compras y hay que cruzar una calle muy concurrida. Para ella es algo automatico y que espero que practique cuando ella empiece su familia.
Las luces de trafico ese dia, las estaban cambiando y la pauta de la espera era un poco más larga, y al esperar mi turno para pasar con el coche me sentí transportada a la semana de vacaciones que gaste recientemente en Europa, creo que viendo a los trabajadores picando la calle y tanto movimiento para cruzar trajeron hacia mi presente las memorias y me vi una vez más caminando por las calles y esperando con la gente para cruzar. Me transporte hacia el día cuando visite Praga, y nunca tenía prisa para hacer las cosas y siempre tomando nota de todo mi alrededor, admirando, viendo, conociendo caras, gente, edificios, calles. Me acorde de cuando visitamos los jardines del palacio real, caminando despacio y admirando las calles adoquinadas, las piedras formando pasajes que invitaban a seguirlas, las calles eran como las de mi ciudad, empedradas adoquinadas y me acorde ahí de un pasaje de mi niñez, de un juego en particular que juagábamos mis hermanos y yo para pasar el tiempo. Siempre me encanta cuando pienso en los tiempos cuando todo era más sencillo, simple y tierno. Me acorde del juego con mis hermanos donde buscábamos caras o figuras o formaciones en las piedras o en sus descoloraciones, lo mismo hacíamos con las nubes, pero más en los caminos que llevábamos.
Era uno de mis juegos favoritos, cada paso que dábamos mirábamos a ver que descubríamos, en cada paso encontrábamos algo nuevo, una cara, una formación, cuando la descubríamos, escribíamos que fue lo que encontramos, después, llamábamos a los otros y les pedíamos que adivinaran dándoles tres oportunidades para acertar, escribíamos en una hoja lo que veíamos y asi ganábamos puntos.
Algunas veces no teníamos tiempo para jugar bien, así que solo apuntábamos a la figura y decíamos que encontramos, y al descubrir la figura abríamos la boca con una impresionante admiración y un “ahh” salía y los ojos se hacían más grandes y todos concurríamos que bonita era la figura. Mis hermanos y yo siempre podíamos ver la misma imagen cuando trate de jugar con mis amigos este juego, ellos veían una imagen completamente diferente a la que yo veía. Al principio esto me molestaba porque tenemos tanto en común que no sabía porque no veíamos la misma figura, pero ya he aceptado que lo que nos atrae mas y mas a las personas o el uno al otro son nuestras diferencias, estas serán lo que enriquecerá nuestras vidas y claro en las relaciones entre personas la diversidad y el poder entender a alguien quien es diferente de uno siempre es lo mejor, los desafíos son grandes pero si hay éxito entonces las ganancias son grandes.
He aceptado quien soy y siempre quiero moverme hacia adelante porque sé lo que tengo y lo que vale la pena mantener y seguir. “Nuestro padre Dios dijo “amaos los unos a los otros como Yo les amo” y siempre estoy de acuerdo con el dicho “si juzgas a la gente es que no tienes tiempo para amarles” Todas las diferencias son increíblemente buenas; los humanos somos muy diversos y eso es lo que hace de nuestras vidas aquí más emocionante. La cosa más sencilla puede ser la más grande de tu vida solamente si sabemos apreciar y amar y eso es lo que lo hace grandioso
Al alzar la vista para checar las luces de nuevo fue cuando la note caminando, la cosa mas extraña fue que al concentrarme me mire a mi misma a la edad de nueve a diez años caminando despacio por la calle hacia la escuela, la niña portaba el horrible pero mandatorio peinado que mi madre me hacía de pequeña. Un peinado que trajo tantas burlas de mis compañeras; mi madre siempre recogía mi pelo en una colita justo en el tope de mi cabeza parecía como una fuente que brotaba de mi cabeza, algunas de mis amigas me decían que era “la fuente de mi saber pero yo sabía que para mi madre era muy útil porque siempre que me llevaba de compras yo siempre miraba las calles buscando figuras y tan distraída que era, “mi fuente del saber” para ella era la mejor manera de conducirme hacia la parada de los autobuses, ella con una precisión exacta agarraba mi “fuente del saber” y me maniobraba entre cientos de gente quienes también les urgía llegar a casa para preparar la comida del día. Yo sabía que ella no lo hacía para lastimarme sino para estar al corriente de su horario el cual no podía arruinarlo.
Sonreí al ver a la niña quien como dije antes caminaba despacio y silenciosa hacia la escuela, perdida para el mundo terrestre pero muy presente entre las hadas, princesas y criaturas mágicas, de pronto ella se detuvo, sus ojos se abrieron muy grandes y una sonrisa triunfal llego a su cara, me mire en ella y ella se miro en mi, y quedamos fijas y en ese momento retrocedí treinta años atrás cuando yo también caminaba rumbo a la escuela ,le sonreí como diciéndole “ Si, yo también le vi un día y seguro que él es tan hermoso ahora como lo fue para mí en ese tiempo”
Las luces cambiaron a verde y continúe mi viaje esta vez pensando en Pegaso el caballo blanco que me trajo tantas aventuras a mi imaginación.
Agua Clara 2008
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